Es posible decir, gracias a estudios científicos realizados a lo largo del tiempo y mucha experiencia, que la práctica de algún deporte y el ejercicio físico regular son beneficiosos para la salud. Si el sedentarismo se ha consolidando en la sociedad occidental moderna como un gran promotor de la enfermedad cardiovascular, en los últimos tiempos también ha proliferado un fenómeno totalmente opuesto: el deportista no profesional o aficionado, pero que incorpora la práctica deportiva a su vida con grandes exigencias competitivas que requieren un alto nivel de rendimiento. Sobre todo, practican deportes de resistencia (maratón, ciclismo, carreras de aventura, triatlón…).
Tampoco cabe duda de que, esta práctica deportiva exigente, realiza cambios en nuestro cuerpo, y tiene una destacada proyección sobre nuestro corazón.
Como anexo a estos datos y su posible relación, son de rabiosa actualidad las noticias acerca de los fallecimientos en carreras populares de aficionados, y no tan aficionados, corredores y deportistas.