
Cuando hablamos de un entrenador personal, enseguida la mente nos juega malas pasadas y, nos reconduce la memoria al recuerdo de películas o anuncios donde aparecen, abarcando toda la pantalla, hombres o mujeres de extraordinarios contornos, inalcanzables para el resto de seres mundanos, dando explicaciones de cómo conseguir un estatus similar.
Sin embargo, esa ambigüedad ilustrativa que nos abduce no es así de cierta. El término es lo bastante amplio como para pensar en deportistas de élite tan exitosos como el patinador Javier Fernández, el magnífico tenista Rafael Nadal y el campeonísimo triatleta Javier Gómez Noya, por citar algunos, y preguntarnos si ¿los éxitos los han conseguido simplemente porque tienen una raza superior, por encima de la media? o ¿Creemos que es posible alcanzar el “top” simplemente por las condiciones naturales y personales?























